Poema

Siempre llevo conmigo
el abrumador deseo de estar en otra parte.
Apenas consigo llegar a mi destino,
me invade la inexplicable necesidad de huir.
Más de una hora de quietud en un lugar es excesivo.
Tengo que salir,
caminar,
cansar mis pies,
ser siempre un pasajero,
detenerme por el sueño apenas.
Hoy dejo claro que me es primordial el viaje,
la azarosa aventura del cuarto a la cocina,
de la cocina a la sala, para desordenarlo todo;
salir a la calle,
tomar con prisa este café,
escribir este poema apresurado,
pasar un momento por todo:
la derrota, la risa, la costumbre,
el perdón siempre insuficiente,
el destino plural, el vasto guiño
con el que la muerte espera decir su parlamento.
Caminar es necesario,
danzar las horas,
trazar mil y un caminos para no acostumbrarse a nada,
no conformarse con todo.
Sólo la vida podrá cansar nuestra obstinación
y agotar su presupuesto.

La sola inmovilidad me aterra.

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