LEER CAMINANDO O CAMINAR LEYENDO

Pocas cosas que se hagan de manera simultánea pueden causar tanto placer como leer y caminar al mismo tiempo.
Hay algo de portento en la posibilidad de desplazarse a la vez en dos planos distintos de realidad
[1]. Leer y caminar al mismo tiempo estimulará no solo nuestra imaginación, también nuestra condición física. Tomando en cuenta que los aficionados a la lectura o los lectores profesionales suelen tener cuerpos dados al buró y las mesas del café, esto agrega un plus a la actividad simultanea.
Hay que advertir responsablemente antes de recomendar esta actividad que implica no pocos peligros. En una ciudad como el DF por ejemplo, leer mientras hacemos una caminata puede resultar de alto riesgo por razones obvias. El lector caminante o el caminante aficionado a la lectura deben tener muy estudiadas sus rutas. Con practica se pueden alcanzar grandes avances en lecturas especificas para distancias especificas, por ejemplo el intinerario de la ruta/lectura que hago de mi “trabajo” al trabajo de mi mujer es la siguiente: Tomo un libro ( siempre será mejor uno de bolsillo), leo y camino sobre Liverpool en sentido contrario de los carros, doblo a la derecha en Bruselas, sigo de frente hasta topar con Versalles, interrumpo la lectura para cruzar Versalles y tomar Turín, retomo la lectura y sigo por Turín cruzo Abraham González dando tan solo un vistazo hasta llegar a Rio de la Loza paralela a Chapultepec cruzada por Bucareli que en ese punto se convierte en Cuauhtemoc, interrumpo la lectura para cruzar la acera, reanudo lectura, camino por Dr. Río de la Loza en dirección de Salto del Agua, cruzo Carmona Valle echando apenas un vistazo, sigo por Río de la Loza hasta doblar a la derecha en Rafael Lucio que topa con Dr. Lavista y entonces habré llegado a mi destino con lo que habré terminado algún cuento o un ensayo corto. Estas intricadas rutas son adecuadas para leer a Borges, Arreola o algún ensayo corto de Montaigne.
Por ejemplo Paseo de la Reforma o Avenida Cuauhtemoc son excelentes rutas para leer largas extensiones de narrativa, de tal modo que con una hora de caminata diaria podremos terminar una voluminosa novela decimonónica o alguna de Philip Roth en una semana o menos.
Hay que ser precavidos y saber elegir los textos adecuados, hay lecturas que nos exigen imperativamente un estado de inmovilidad total, así como hay otras que por su misma naturaleza nos provocan salir y andar.
Uno irá adquiriendo practica suficiente y a lo largo de la vida irá relacionado lugares con escenas acontecidas en los libros, tal esquina un final trágico, una vieja calle un poema de Garcilazo, un puente peatonal la muerte del protagonista.
Hay niveles de experiencia en esto de leer y caminar, el primer nivel de dificultad consiste en caminar por un parque de día o bien ilimindado o alrededor de una manzana o cuadra, esta opción permite irse familiarizando con la actividad andante sin la inconveniencia de los carros (o coches como se les dice acá). Un segundo nivel de dificultad sería caminar por avenidas rectas, interrumpiendo la lectura sólo para cruzar la calle. Un tercer nivel correspondería a poder tomar rutas intricadas, giros inesperados en la ruta que se correspondan directamente con la trama ya que ella misma tal vez a tomado otro camino. Yo me encuentro este tercer nivel avanzado y la práctica me permite cruzar algunas calles, sólo algunas, sin voltear a ver si vienen carros o detener mi lectura. No ha sido poco el tiempo que le he dedicado a perfeccionar mis rutas y con ellas el tipo de lectura que les corresponde. Ahora prefiero bajarme algunas estaciones antes de llegar a mi casa o a mi trabajo y salvo el inconveniente de no apresurarme y llegar tarde a mi destino, debido a que la trama me atrapa y me hace bajar la velocidad de mi paso, esta actividad me da muchas satisfacciones así como lo beneficios físicos ya mencionados.
Doy 12 recomendaciones de lectura que podrán ir creciendo conforme el practicante vaya adquiriendo más horas de andanza.
 

Seis libros para caminatas cortas:
1 El Aleph
2 Confabulario
3 La geometría del amor
4 Fuego de pobres (lectura salteada)
5 Algunos ensayos de Montaigne
6 Los Soneto de Gracilazo de la Vega
 

Seis libros para caminatas largas
1 El corazón de las tinieblas
2 Pastoral americano
3 El país de las últimas cosas
4 Rayuela
5 Corre conejo, corre
6 Los detectives salvajes
 

[1]Denominar a textos literarios como un plano más de realidad parecería ilógico, pero es resultado de considerar a la lectura (segundo plano de desplazamiento) como una experiencia real e íntima, ya que asimilada dicha experiencia en la memoria del lector, subyacerá en el como una más de las experiencias vida, así quedará consignada en nuestra memoria. El descubrimiento de nuestra temprana sexualidad durante la adolescencia se volverá tan significante para algunos como el descubrimiento a la par de las lecturas de las obras de Henry Miller o el Marqués de Sade. 

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Un comentario en “LEER CAMINANDO O CAMINAR LEYENDO

  1. Ay! Esto es bellísimo. Hoy me pregunté, tras haber caído en la tentación de hacerme con una cuidadosa (¡y económica!) edición de “El amor y la libertad” de Hannah Arendt, que sucedería si leyese caminando, o caminase leyendo, como vos dejás optar en el título. Encuentro algo inspirador y taumatúrgico en ambas actividades, ¿será alquímico pensar en su conjunción?

    Que va… gracias por el pensamiento dedicado.-

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