SERÁ SÓLO EL VERANO RUGIENDO SUS BROMAS

Llegar a Culiacán es adecuar al cuerpo a condiciones extremas, y aunque el termómetro marca tan sólo 36 grados centígrados,  es apenas el comienzo de lo que será el calor más adelante. Pero no sólo el clima es encolerizado, según los primeros reportes de mi madre, hacía más de una semana que los enfrentamientos entre bandas de narcos eran sistemáticos, eventos que los noticieros nacionales, como siempre, no registraban por prestar mucho más atención y tiempo a los conflictos internos del PRD o cosas por el estilo. Mi vuelo aterrizó a las 5 pm y a las 7 en punto de la tarde se presentaba Contraverano, así que había que trasladarse rápido a casa de mi madre, cambiarse de ropa para llegar a tiempo a la presentación. Ya en el Casino de la Cultura, recinto destinado para la presentación editorial, los asistentes fueron llegando poco a poco, y con ellos más noticias sobre las balaceras de ese día. Los que llegaron más retrasados pidieron disculpas, sin que nadie las reclamara, alegando que al venir en camino tuvieron que desviarse, ya que algunas calles estaban obstruidas por patrullas, al parecer se habían otros por el rumbo del Parque Botánico, lugar relativamente cercano a la presentación. Al las 7:15 pm los presentadores y una servidor ya estábamos listos para iniciar con los comentarios y la lectura de algunos poemas del libro, a esa hora también ya eran tres las balaceras que se contaban en distintos lugares de la ciudad. La presentación transcurrió con una calma tensa, entre los comentarios de aquellos que iban llegando de la calle alarmados. Se pensaría que aquellos que somos de Culiacán ya nos hemos acostumbrado a ese entorno desesperanzado donde la vida no es un valor importante para muchos, pero la ola de violencia reciente nos estaba rebasando, se respiraba el miedo, al salir del Casino las calles estaban casi vacías. Pero a pesar de la falta de calma en las calles, la presentación se llevó a cabo, los comentarios sobre libro fueron generosos, la emoción de presentar este trabajo frente a los integrantes de mi familia, que hasta ese momento no comprendían bien a bien lo que yo realmente hacía. Todo eso se mezclaba con el gusto de volver a ver a los amigos que también estaban emocionados. Al terminar la presentación nos dirigimos a casa de la tía Carmela, una carne asada y unas cervezas coronarían la noche. Por un momento la masacre se olvidaba, pero después había que volver a darse cuenta que algo estaba ocurriendo. Al día siguiente detonarían una bazuca en el estacionamiento de un centro comercial, matarían al hijo de un capo y las autoridades impotentes ante los acontecimientos, dirían que como último recurso sólo queda rezar. En un poema de Contraverano yo escribía que ese año “ya hay más muertos por el narcotráfico que caídos en la guerra del Irak.” Al parecer hoy las estadísticas son más alarmantes.
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