30 años


24 de mayo 1938
Es hermoso cuando un joven -dieciocho, veinte años- se detiene a contemplar su agitación e intenta aferrar la realidad y aprieta los puños. Pero es menos hermoso hacerlo a los treinta como si nada hubiera ocurrido ¿y no te da escalofrío pensar que lo haras a los cuarenta, y aún después?

17 de septiembre 1938
A medida de que pasan los años, en el rostro de cada cual va dibujándose cada vez mejor la calavera.

22 de septiembre 1938
Cumplidos los treinta años, cada cual identifica a la juventud con la tara más grave que le parece haber descubierto en si.

6 de diciembre 1938
La vejez —o madurez— desciende también sobre el mundo exterior. La rígida y transparente noche invernal que recorta las casas en el cielo que espera la nieve, antaño llegaba al corazón y abría un mundo de ansia erótica. No es ya necesario, con el tiempo, moverse en el mundo exterior viviendo su ansia; basta su rápida alusión, saber que existe y existe en nosotros, y esperar un momento totalmente hecho de vida interior que ha cobrado ya la novedad y la fecundidad de la naturaleza. La madurez es también esto: no buscar ya fuera, sino dejar que hable, con suritmo que es el único que importa, la vida íntima. Ya resulta pobre y material el mundo exterior ante la inesperada y profunda madurez de los recuerdos. Hasta la sangre y el cuerpo nuestros han madurado y están empapados de espiritualidad, de ancho ritmo.
La juventud es no poseer el propio cuerpo ni el mundo.

Tomado de Cesare Pavese, El oficio de vivir.
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