Palabras del poeta burócrata

MÁS QUE VER el otoño,el traje sastre de las mujeres, la camisa de fuerza, siento un nido de hormigas en los ojos. La sangre permanece inmóvil frente a los escritorios. Hay altas ventanas de cristal antes del estallidoy conmutadores de odas beligerantes, al otro lado de la muerte, dictan un breve memorando para una cita ineludible. Papel en blanco, conejillo de indias que muere en la prosa nuestra de cada día: por medio de la presente, mi muy estimado señor, le dejo las cartas y los oficios de esperar, joyas del suspenso de los departamentos administrativos. Pero el paraíso es no salir nunca al sol, cuidar un sueldo, el café, los cigarros, el viático frugal de un guiño. ¿Para qué entrar en la calle —último bastión de la aventura— y con la noche inventar una navegación peligrosa? Pero no río, no encuentro en las cosas un eco, nada me pertenece, de todo soy cautivo. Hace falta recuperar el cuerpo,reconstruir los sentidos del asesino,la fuerza de la bestia, ser el dueño único de un crimen y no tener miedo de confesarque he pasado más horas delante de este monitor que frente al rostro de la amada.

poema tomado del Cuaderno de Tyler Durden (Ediciones sin Nombre, 2008)

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