Crónica colombiana / 1ra parte

20 de agosto / 11:35
Siempre llego temprano al aeropuerto, demasiado temprano, Lucía dice que madrugar demás es una manera de la impuntualidad, no la más común por cierto.
Entro a la librería EDUCAL para buscar más ejemplares de Contraverano, no hay, así que con solo cinco ejemplares de mi libro inicia mi aventura rumbo a la FIL de Bogotá.
En la librería me encuentro a A y me dice que M, su mujer, ha olvidado algo para leer. M también le recrimina a A esa manía de llegar tan temprano al aeropuerto. Ellos ya han documentado y yo me adelanto a hacer lo propio.

12:30
De camino al mostrador de Mexicana me encuentro a JEP con dos acompañantes. Camina un poco apresurado, no se acostumbra a usar el bastón. Unas semanas antes me contaba lo mucho que le está costando acostumbrarse a ese instrumento que da pleno testimonio de la decadencia.
Nos separamos para documentar, él no hace fila. Quedamos en vernos para fumar un cigarro al terminar el trámite, pero ya no coincidimos. Fumo solo.

14:30
Por fin designan la puerta de salida, ahí coincido de nuevo con A y M, después aparece N, la arriesgada narradora. En el mismo vuelo también viajan E, mi antiguo profesor en la escuela de letras allá en Sinaloa -ahora connotado novelista de Tusquets. Lo acompaña su esposa L. Unos minutos después aparece JEP y todos abordamos.
En el avión se sientan junto a mí una mujer muy alta y blanca, con rasgos algo toscos, la acompaña su marido, un hombre negro también corpulento y con uno de sus ojos blancos. Rápido hay confianza y me cuentan que ella es Sonorense criada en Guadalajara y que él es colombiano, pastor de una iglesia de la Luz del mundo consede en un suburbio pobre de Bogotá. Se conocieron en Guadalajara, donde ese culto tiene su sede, y que de ahí se fueron a Brasil y luego a Caracas, después de algunos años finalmente están en la tierra de él. Ella ha perdido su acento mexicano.

19:00
Al llegar a Bogotá ya nos esperan con un transporte que nos llevará al hotel; un joven delgado y moreno se presenta como mi edecán y se pone a mi servicio para cualquier cosa, dice llamarse J y toma mis maletas, me saca un poco de onda que me diga señor y me hable de usted, entonces mi bagaje telenovelero me recuerda que acá así se usa y abordamos el transporte todos felices. La ciudad no parece distinta a otras ciudades, de noche todos los gatos son pardos.

19:30
El hotel está resguardado por un fuerte destacamento de militares, después me informan que el hotel en cuestión es administrado por las fuerzas armadas.

12:30
Con la adrenalina un poco disminuida por el cansancio del viaje, nos dan nuestras habitaciones. Despues N y yo decidimos buscar donde cenar, pero primero nos tomamos una cerveza en el bar del hotel, un pub con rueda de espejos y rock suave, nada cool por cierto; pedimos algo local, nos dan un par de Club Colombia que nos saben a gloria, pagamos y la cuenta dice 10 mil pesos, no podemos dejar de recordar aquellos tiempos en que nos daban mil pesos para gastar en la primaria.
Por fin, con algunos miembros del estaf mexicano nos vamos de excursión al norte de la ciudad, a la zona T, barrio de antros fresas, tipo terraza, hechos para ver y hacerse ver. De camino allá me percato que hay una calle donde se ofrece música de mariachi al más puro estilo Garibaldi, los amigos del staf me cuentan que el mariachi es una música común aquí y que el colombiano festeja con él como si fuera su música propia. Ya puestos en la famosa Zona T nos decidimos por un bar no muy pretencioso. Buena comida y bebida por 17 dólares por persona. Después de un rato el cansancio hace presa de nosotros y decidimos volver al hotel.

21 de agosto/ 7:30
Me levanto a las 6:14, por la ventana de mi cuarto sólo se ven edificios, por un hueco se cuela la vista de un cerro con neblina. Tomo un baño y me alisto para salir a caminar un rato antes de desayunar. En la calle hace frío y el cielo está nublado, compruebo lo que ya sospechaba: la ciudad está rodeada por cerros, entonces recuerdo a Cesário Verde: O céu parece baixo e de neblina. La ciudad está llena de edificios de ladrillo, incluso el gran hotel en que nos hospedan es de ladrillos. Frente al hotel están las tres enormes torres de Salmona y la plaza de Toros, así como el parque Planetario, muy cerca también está el Museo de Arte Moderno.

8:30
De vuelta al hotel, en el restaurante me encuentro con E y me atrevo a presentarme, me invita a acompañarla a desayunar, y pronto la charla deriva hacia los temas fundametales de la poesía, luego hacia la visión de Graves y de Markale. Al terminar nos dirigimos al lobby donde ya nos esperan los maestros de la universidad donde leeremos, también leerá A que ya se encuentra ahí.

11:00
Después de haber tomado un expreso en una cafetería cercana al plantel llegamos a la Universidad Central, una universida privada con instalaciones de muy buen nivel. Los alumnos de la carrera de Humanidades, a quienes está dirigida esta lectura, tardan en llenar el auditorio y muestran apatía, entran también maestros y el auditorio está finalmente a tope. El recital lo abre E, su tono es sostenido y sobrio, sus versos son de una elegante cadencia. Después le sigue A, con una poesía más directa, cotidiana y conversacional. Me echan al final a mi con un buen nivel de atención, así que decido leer de pie, me tropiezo un poco con las palabras al principio pero al final logro salir adelante.

CONTINUARÁ…

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3 comentarios en “Crónica colombiana / 1ra parte

  1. Mijail: me gusta tu crónica; es muy fresca. creo que le ha quedado bien manejar iniciales para los nombres.
    Ahora me gustaría saber qué comiste. Bueno, tú mismo prometes una segunda parte.

    Saludos.

  2. Venga, los lectores estamos a la espectativa.

    Qué entrañable crónica poeta. Hoy también está nublado, hoy también hay expresso, hoy también se fuma uno el cigarrillo solo.

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