Crónica colombiana/ 2da parte


13:50 /21 de agosto 2009
Después de la lectura en la Universidad Central, el buen J me informa que hay que correr a las instalaciones de Corferias, donde se está realizando la FIL, para ser entrevistado en el stand del FCE. Mi apresurado paso y mi natural temperamento distraído contribuyen a que no me percate de un escalón y caigo aparatosamente, por suerte consigo meter la mano derecha antes de romperme la cara. La mano recibe el imapcto y soporta el peso de toda mi humanidad; todavía me duele un poco, es tal vez el rastro físico más perdurable que me va dejar el viaje, las otras son estas marcas de la memoria.


Llegamos a la feria, la expo está dividida en pabellones, primero vamos al de México con todo su colorido, después al stand de FCE; los conductores son demasiado contrapunto, un joven locutor, algo alivianado y otro más veterano. Rápido entramos en confianza, el joven me pregunta como empecé a escribir, digo que por la letras de rock, eso parece gustarles, el veterano me pregunta que si de donde soy, yo le digo que de Sinaloa, estado que por cierto tiene algo de relación con Colombia, desafortunadamente por el narcotráfico, ahí el veterano se ve un tanto molesto y me pide cambiar de tema, le explico que el hecho de que yo esté ahora en la feria representa un nuevo comercio, eso lo suaviza. Después J me dirá que la radiodifusora es la del presidente, la gente la conoce burlonamente como Radio Casa Nariño, nombre de la residencia presidencial.
Después de leer el poema más rockero del Cuaderno de Tyler…, que al parecer les causa gusto, me despido, J y yo nos vamos del lugar con más hambre que otra cosa.


14:10
Llegamos al centro de la ciudad, nos bajamos ya por rumbos de la Candelaria, el antiguo barrio de Bogotá, con casa coloniales y de teja. Hay muchos jóvenes, J me explica que hay un gran número de escuelas por el rumbo, llegamos al hermoso centro cultural Gabriel García Márquez, donde está la librería del FCE, pasamos de largo para encontrarnos con N y su edecán que ya nos esperan en un pequeño restaurante tradicional, más que restaurante es una fonda, donde venden el tradicional ajiaco. Mi vocación carnívora me lleva a ordenar un churrasco, N ya come el plato local y nuestros amigos colombianos también se deciden por lo mismo; al final la cuenta no rebasa los 50 mil pesos (como $25 dólares), por los cuatro.


15:45
Contentos de haber almorzado, nos tomamos un café en el Juan Valdez del CCGM, J me cuenta que es obra del arquitecto Rogelio Salmona, autor de esas grandes torres que se encuentran enfrente del hotel.
Investigando he descubierto que este orgullo colombiano fue alumno de Le Corbusier, y que su trabajo es una marca de la ciudad.
Después de terminado el tintico bajamos por Calle de la Enseñanza hasta la Plaza de Bolívar, ahí nos tomamos fotos mientras llueve lenta pero persistentemente.
Regresamos caminado por la Séptima hasta el hotel, ahí nos separamos, yo me voy a mi cuarto a descansar del ajetreo de la mitad del día.

9:25 / 22 de agosto
El resto del día anterior no fue menos intenso, a las 17 hrs ya estábamos de vuelta a la feria, el evento consistía en una lectura de siete poetas, cuatro mexicanos y 3 colombianos. Me toca abrir la lectura, como siempre me costó un poco al principio pero después la lectura fue fluyendo mejor, el tiempo fue menor que por la mañana, así que leo poemas escogidos según la reacción de la gente, al final la respuesta es generosa. Después sigue E, que resuena mucho más que por la mañana; luego la poeta colombiana L, mal. Acontinuación A hace lo propio, con una buena presencia y recepción; N, el mayor de los poetas colombianos toma el micrófono y no lo suelta. Después de su larga lectura, poemas la mayor parte de ellos malos, se redime con el último; le sigue JF, el más joven de los poetas colombianos, su voz resulta un tanto tímida, pero su poesía lo redime. HGV es el más veterano de los poetas mexicanos, el hubiera resultado el remate perfecto de la noche, si no se hubiera colado J, poeta mexicano nacido en los a finales de los 60s, que resultó ser, en mi nada humilde opinión, el anti clímax de la lectura. Empieza su lectura con una seriedad que se pretende majestuosa y lee ese poema de humor involuntario que lo ha echo célebre, no de la menra que uno desea.
Termina la lectura y me mezclo con el público que se retira contento. Entre la gente puedo reconocer a M y a R, poeta estrella del país anfitrión. Después de un rato se presenta ante mí S, amigo del facebook, hacemos química de inmediato y decidimos salir con los demás poetas a tomar algo; nos dirigimos al Trementina, en el barrio de Teusaquillo. Pedimos club colombia para no variar. Después de un rato los poetas, locales y extranjeros cierran el círculo, y su charla se torna exquisita, lo suficiente para decidir partir de ahí, así que le digo a S que eshora de partir y nos dirigimos al barrio del Chapinero, zona de bares para estudiantes, ahí nos comemos una arepa con deshebrada, queso y huevo de codorniz -en serio. Entre bocado y bocado discutimos la lectura y coincidimos en la mala calidad de los materiales colombianos leídos, yo defiendo el trabajo de JF, S no está muy convencido, pero ambos somos unánimes en descalificar a J, el espontáneo.
Al terminar con la arepa decidimos darnos el rol por el norte, a la zona T; puestos ahí entramos en un bar terraza, el pide etiqueta roja, yo Jack Daniels. S habla con emoción de Lizalde, yo reafirmo la calidad del poeta mexicano; correspondo con un elogio sincero para Mutis, entonces descubro que tiene un sentimiento ambiguo sobre el poeta de Makrol el Gaviero. El prefiera hablar de Quessep y de R. Entre versos propios y ajenos pagamos la cuenta y nos vamos caminando por la séptima. S habla sobre los barrios mientras la arquitectura ecléctica de casas y edificios hechos con ladrillo rojo se va sucediendo de un barrio a otro, mientras más al sur caminamos el deterioro se nota. S lanza un dicho, creo que de Salmona, el legendario arquitecto de la ciudad que se vuelve una presencia constante; ese dicho refleja bien esa Bogotá que apenas voy descubriendo y que es un microcosmos de algunas de nuestros paises latinoamericanos: “El centro que da tristeza, el norte que da alegría y el sur que da rabia”.
Al final decidimos tomar un taxi y quedamos de vernos hoy para hacer una visita más a detalle de la Candelaria, el viejo barrio.
Mientras termino de escribir esto en la libretita roja, espero a que llegue S.

CONTINUARÁ…

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6 comentarios en “Crónica colombiana/ 2da parte

  1. …y nos sigue dejando con la historia incompleta

    la manera en la que cuenta todo es muy vívida, poeta, qué bueno que lo apuntó en aquella libretita roja

    el otro día involuntariamente me preparé un tinto, mi expresso estaba muy caliente y como tenía prisa, tuve que ponerle agua fría, me acordé un poco de que usted porque lo había mencionado…

    saludos nublados desde Itil
    esperamos no se tarde tanto en contarnos las siguientes partes de la crónica colombiana

  2. Hola M, soy A, le voy a decir a HAHD que si nos vemos con G y con N… jejeje, que bueno que te la pasaste chido, Mija, pero pon los nombres, para saber bien, solo reconoci a HGV. (HIlario Garza Valenzuela)

  3. Gracias, amigos, por los buenos cometarios.
    Ateth, yo también extraño los tintos, acá hay que dar una explicación para que lo dejen igual.
    Ya mero subo la tercera y última parte.
    Nidia: que bueno que al menos pude captar algo de tu contradictoria ciudad.
    Por cierto T-oño, que no A, el HAHD es muy mandilón y dudo que quiera verse con nosostros.
    Por cierto ¿quién es HIlario Garza Valenzuela?
    Un saludo.

  4. Hacer correcciones siempre será molesto, pero tengo obsesión con la ortografía. Suelo disculparla en personas que no se dedican a lo literario, lo cual no es su caso. Supongamos que la puntuación esté mal por razones de prisa y libretitas rojas, pero que escriba extrangeros y expontáneo, no tiene presentación para un poeta. le informo, con cariño y buenas vibras, que se escribe extranjero y espontáneo. Un saludo. No me gusta la Bogotá que muestra… pero es la suya y es válida.

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