Iluminaciones de Hugo Alfredo Hinojosa se presenta en Cualicán

El próximo 21 de Noviembre y en el marco de la XXX Muestra Nacional de Teatro se presentará en la ciudad de Culiacán, Sinaloa, la obra del dramaturgo sinalosudcalifa Hugo Alfredo Hinojosa, en el Teatro Socorro Astol, que está por el malecón de esa ciudad.

Sábado 21 de noviembre, 18:00 hrs (función para público en general)
20:00 hrs invitados (función para invitados)

Aquí les dejo un fragmento de la obra.


llegamos sin padres a ese campo Tadeusz traía puesto un abrigo que apenas cubría su pecho yo llevaba un enorme saco de papá que no calentaba mi hermano y yo estábamos separados por cuatro vagones de ferrocarril el tren avanzaba despacio por las colinas larga ruta recuerdo que de algunos vagones escapaban lamentos gritos eternos entre ese frío algunos hombres desmayados se mantenían en pie por la presión de los cuerpos contra cuerpos unos lloraban otros oraban entre murmullos sólo en dos ocasiones se detuvo el ferrocarril los hombres de cada vagón escondían sus rostros por miedo se abrían las puertas de metal de cada furgón gritos segundos más tarde disparos minutos después iniciaba la marcha del ferrocarril forzando su viaje al tercer día de marcha llegamos a un campo enorme cercado con alambre de púas en sus orillas y perros en cada esquina de los edificios Tadeusz se mantenía de pie parecía querer desfallecer su rostro pálido lo hacía parecer tan cansado que casi podía notar en sus ojos hinchados sus ganas de morir antes de que nos formaran aquellos hombres vestidos de gris solté a correr hasta llegar a las piernas largas de mi hermano lo abracé como siempre no quería estar separado de él Tadeusz sonreía me apretaba contra su pecho me susurraba al oído que me calmara cálmate nos formaron en hileras tan largas que a lo lejos parecían no acabar nunca entre las montañas después de que los hombres terminaron de apuntar nuestros nombres en unas listas caminamos formados hacia unos cuartos enormes donde sólo había colchones rotos trastos de metal oxidado y montones de ropa sucia podrida la peste era tan fuerte que algunos hombres vomitaban y otros daban gritos ni mi hermano ni yo vomitamos después de habernos desnudado nos vestimos con esas ropas amarillentas con olor a naftalina y humedad el número de Tadeusz era el 00234 yo tenía el 00235 adonde quiera que él caminara yo lo seguía tomándolo del resorte de su pantaloncillo el trabajo de mi hermano era pesado él levantaba rocas enormes y yo metía las manos regordetas en las bocas de los cañones a los niños que limpiaban cañones a veces los soldados les jugaban bromas recuerdo que uno de esos niños mientras limpiaba el agujero de uno de los cañones explotó uno de los hombres de gris movió la palanca que hacía funcionar la maquinaria nadie dijo nada los hombres reían a mi hermano sólo le llamaron la atención una vez le cercenaron algunos de sus dedos por haber dejado caer una roca en la bota de uno de los soldados no lloró metió la mano entre la nieve para que se le adormeciera me veía y sonreía no quería que me preocupara yo le daba trozos de mi pantalón para que se amarrara los dedos pero ya no se le quedaban puestos no sé cuanto tiempo pasó de pronto mis manos dejaron de ser regordetas y mi hermano ya no era tan alto uno que otro soldado empezaba a llenar su cabeza del mismo color que su uniforme la comida era mala siempre así muchos de los que estaban con nosotros ya no querían comer las diarreas mataban a demasiados decían que a todos los que ya no se volvían a ver en los trabajos y en el campo los cocinaban para no tener que gastar en comida algunos se aterrorizaban otros comían yo comía Tadeusz no él se burlaba de mí se me paraba enfrente y pretendía ser mi espejo estás tan delgado como yo pero yo soy más guapo reía como loco lo abrazaba y reíamos todos en aquel gigantesco cuarto reían nos llamaban los «troncos» porque decían que nos iban a quemar como leña en cualquier momento el 00698 llevaba meses planeando una fuga junto con Tadeusz solamente escaparían unos cuantos la libertad no es para todos decía mi hermano esperamos varios meses antes de intentar cualquier movimiento llegaba más gente al campo unos desaparecían los soldados les gritaban o les disparaban a quemarropa otros hombres cargaba rocas día y noche no comían nosotros esperábamos a que todo estuviera listo nos entreteníamos jugando al espejo ya no sólo podía limpiar la boca de los cañones ahora podía incluso meter la mano hasta hueco de detonación escapamos por la noche en un día inesperado hasta para mí Tadeusz me despertó tan rápido que no me dio tiempo de ponerme un abrigo escapamos quince mi hermano y yo pasamos por debajo de los cables de alambre filoso que dividía el campo del bosque nos perdimos despacio entre la noche y la nieve durante el recorrido por las montañas Tadeusz me abrazaba para que el frío de mi cuerpo disminuyera el abrigo de mi hermano apenas lograba cubrirle la espalda todos hablaban de un valle teníamos que llegar al valle en cuanto lleguemos a ese lugar todo va a cambiar decía él a cada instante después de varias horas mi hermano me dio su abrigo dijo que yo lo necesitaba más que él la noche era muy fría los hombres que caminaba junto con nosotros se iban quedando atrás algunos caían por el cansancio lloraban unos más se extraviaban en la oscuridad para distraerme mi hermano me contaba que cuando nací tenía las manos como patas de rata se reía seguíamos adelante cuando lleguemos al valle todo va a cambiar rata decía él seguimos caminado hasta que el silencio y los golpeteos del viento nos mantenían bajo un ritmo agobiante ya cansado me detuve y llamé a Tadeusz no contestó volteé ya no caminaba detrás de mí se perdió llamé su nombre varias veces muchas veces nadie contestaba corrí enterrando mis piernas en la nieve sin encontrar rastro de nadie todos se quedaron atrás en algún lugar quedé quieto unos minutos pensé en dónde podían estar todos si tan sólo me hubieran dicho como llegar al valle seguí caminando hasta que amaneció con lentitud la luz se miraba en los picos altos de las montañas cansado me detuve no podía más me derrumbé durante unos segundos tuve la mirada enterrada entre la nieve hasta que escuché unos murmullos que después subieron hasta convertirse en risas frente a mí estaba el campo de concentración los soldados me veían y reían sin cesar los alambres de púas del campo estaban adornados por pequeños hilos de hielo que colgaban queriendo caer respiré creo que el valle está más lejos ahora sé que a la gente no la cocinan lo sé me desnudaron caminé sin ropa hasta una habitación gigante cerraron la puerta y la gente gritaba todo oscuro se escuchó un ruido calor oscuridad sudor me fui derrumbando qué calor tan tierno después del frío no a la gente no la cocinan la vuelven olvido eso es todo tan sólo espero que Tadeusz no me haya olvidado si no quién va a recoger mis cenizas de entre la nieve la nieve (…)

Hugo Alfredo Hinojosa

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s