De la naturaleza dañina de la canción ranchera o de cómo un cantante de camión nos defiende del mal

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Suelo dar dinero a la gente que se sube a cantar a los camiones, de tres a cinco pesos y sólo a uno por día, sobre todo si las canciones son de mi agrado, más allá del arte con que las interpreten. Hoy, por ejemplo, en el micro que va por todo Dr. Vertiz se subió un señor de unos 60 años con su guitarra desafinada pero con un repertorio del old school norteño, hay que decir que no era tan desentonado como la mayoría. El momento cumbre de su tanda fue cuando entonó “Flor de Capomo”, pero algo estaba mal, él modificaba la letra en una parte importante de la misma, esa que dice “cuando tomo vino” por “cuando yo te miro”. Al darle las monedas le hice la observación al error en que incurría, él justificó el hecho apelando a lo negativo de la línea original, ya que ésta va en contra de sus propios principios y que por eso razón había decidido cambiarla por algo tan soso como “cuando yo te miro”. Así modificaba el mensaje original que manifiesta una actitud de timidez sólo vencida por el estímulo etílico, por una declaración por demás recurrente e insípida. Hay que recordar que el contexto en que se desarrolla la canción no sólo es una expresión rural, sino que es uno de los pocos ejemplos de la lírica popular que han trascendido el ámbito de la comunidad mayo yoreme para convertirse en una de las canciones más representativas de nuestra música popular. La letra que hoy escuchamos es una traducción de la canción original cantada en la lengua de ese pueblo, por lo tanto cada línea de la canción nos da una idea de la forma de vida de una sociedad que aún sobrevive entre Sinaloa y Sonora; un pueblo que ha mantenido parte de su herencia ancestral ante los embates de los modos de vida contemporáneos.
Pero ahí no paraba la cosa, el moralista intérprete declaraba modificar no sólo esa sino otras canciones, así, en vez de cantar la violenta línea que da título a la canción “Un golpe traidor” el muy timorato la modificaba por “un golpe de amor” dando al traste con el patetismo y volviendo inocuo el sentimiento desgarrador que es la columna vertebral de ésta canción y de casi todo el género.
Ahí lo dejé, rumbo a Salto del Agua, con su visión descafeinada y moralina, creyendo que de esa menara protegía al respetable de las insidiosas tentaciones del mundo, sus vicios y sus falsas salidas.

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