CANCIÓN DE AMOR A BLANCANIEVES

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por Yamil Díaz Gómez

Porque no tengo rostro no fue otra mi historia,
y ya no será otra que este hueco en el alma.
¿A quién puede importarle
que el espejo se mire en otro espejo,
disimulándole la soledad?

Yo –que no tengo rostro–,
yo
–que no tuve padres,
ni siquiera
la madrastra envidiosa de los cuentos–
vine a gritar tu belleza,
a comerme si puedo tu fruta envenenada,
y así al final de la leyenda serás feliz con otro.

Si me enseñaras a mentir,
si frente a mí sembraras un almendro,
y así mi rostro fuera un nido:
un sitio más donde tu luz se pose.

(Perdóname, princesa:
también las esperanzas se miran al espejo;
alguien me ha puesto dentro esta esperanza.)

Porque no tengo rostro no han venido a cerrarme
los labios.
Pero, ¿quién va a cambiar mi historia?,
si el príncipe también acudirá a la cita,
si estoy tan solo que pudiera escucharse mi tristeza,
y a siete enanos les arde un arcoiris,
y tú no sabrás nunca
que cuando nadie crea en príncipes azules
quedará un solo espejo
donde siempre serás la más hermosa.

Yo, que no tengo rostro
y los pido prestados
para poder llorar.

Tomado del libro FOTÓGRAFO EN POSGUERRA

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