…una noche que el día ya no puede extinguir.

Oscuro y desgastado, la madrugada lo encuentra evocando
las hazañas de los capitanes. No sospecha de qué modo
se convierte en la ciudad y en su renuncia.
Es como si las avenidas recorrieran un camino hasta su pecho.
   Sabe tomar su parte
                               y su canción
 pero una tristeza que va de los Navegantes a él
le va a pasar tañendo telégrafos urgentes.
Refugiado en el campo no logrará curar el desamparo
que le hormiguea en los muelles:
un foco de infección que le carcome.
Hay días en que un golpe le atenebra la mirada y en el pecho
le crece un ave de infortunios: una noche que el día

ya no puede extinguir.

TREVAS, Canción del navegante de sí mismo
Colección Punto Luminoso
Andraval Ediciones
Pronto en librerías

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3 comentarios en “…una noche que el día ya no puede extinguir.

  1. El navegante de la noche cansado de ver y ver sombras de pronto espera ocultar su desilusión debajo de una noche sin luna ni estrella para no morir antes de llegar a algún lugar y descansar, vértigo de agonía.

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