En memoria de José Emilio Pacheco (1939-2014)

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Camino a casa, he escuchado por la radio la noticia sobre el fallecimiento del poeta José Emilio Pacheco. Y ha caído esta noticia con su peso contundente en medio de este domingo espeso y lo ha vuelto más desolador, más huérfano.
Fueron pocas la veces que tuve oportunidad de cruzar palabra con él, la primera fue gracias a mi trabajo en el Programa Creadores en los Estados, donde por motivo de una invitación a un homenaje que el estado de Oaxaca le ofrecería en el marco de un encuentro de escritores, telefoneé a su casa. Recuerdo haber estado muy nervioso, del otro lado de la línea él se portó muy amable. Para ese entonces José Emilio Pacheco ya había recibido el premio Reina Sofía. Al presentarme me detuvo y me dijo: yo le conozco, he leído recientemente sus traducciones de Camões en la revista de la Biblioteca de México. Mi sorpresa se mezclo con alegría, el hombre del otro lado de la línea no sólo había leído todo lo que hay que saber sobre poesía, sino que además estaba al tanto de los suplementos y revistas literarias que se publicaban día a día en el país y buena parte del mundo, según pude constatar después.
El poeta aceptó la invitación al homenaje con la condición de que alguien pasara por él a su domicilio y lo acompañara al aeropuerto, no pidió otra cosa más.
Finalmente llego el día del viaje, mi jefe me encomendó la tarea de pasar por él con un chofer del CONACULTA y llevarlo a tomar su vuelo. Llegamos puntuales a su casa en la Condesa, ahí nos recibió su esposa, la escritora Cristina Pacheco. Al instante apareció él con una pequeña maleta que me dio para que le ayudara. Durante el camino platicamos de Abigael Bohórquez, Luis Vas de Camões, la Antología de la Poesía Mexicana del siglo XIX y de sus dos nuevos Libros, Como la lluvia y La edad de las tinieblas, que yo había leído recientemente. Le pregunté cómo había surgido la idea de “El señor Morón y la Niña de Plata, o una imagen del deseo”, ese hermoso cuento en verso con el que inicia Como lo la lluvia, también hablamos sobre “La mayoría de edad”, otro poema de ese libro que habla de cómo nos cambia y envejece la muerte.
Finalmente llegamos al aeropuerto un poco sobrados de tiempo así que me invitó a desayunar, yo pedí huevos estrellados con tocino, el pidió lo mismo. Ahí le conté sobre mi amigo Edgar, uno de sus lectores más fervientes quien alguna vez me contó cómo la poesía de Pacheco lo había ayudado a sobrellevar la muerte de su madre en sus día de estudiante de economía recién llegado a la Ciudad de México. Al escuchar esta historia Pacheco me dijo: si esto que me cuentas es verdad, ya está justificada toda mi obra. Entonces sacó un libro de su maletín, me encargó que se lo diera a Edgar y que esperaba conocerlo pronto para poder dedicárselo, al cabo de una media hora nos despedimos.
Meses más tarde, en agosto de 2009, nos encontramos de nuevo en el aeropuerto, yo iba como parte de la delegación de escritores mexicanos a la Feria del Libro de Bogotá. José Emilio Pacheco era el invitado de honor de la feria que ese año estaba dedicada a México. No pudimos platicar mucho esa vez.
En Bogotá lo vi poco, tomamos un café en el desayuno y cruzamos algunos comentarios sobre la ciudad, sobre lo apretado de su agenda y demás compromisos.
El último día de la feria el poeta cerraba la participación de la delegación mexicana con una lectura, así que me preparé para poder estar puntual. Camino a la lectura lo encontré muy contento caminando con unos jóvenes que le hacían preguntas y reían con sus comentarios, ahí me vio y me pidió que me uniera a la comitiva. Al llegar al recinto había pocos lugares libres, pero justo al frente encontré un lugar donde sentarme, tuve suerte. En pocos minutos la sala estaba a reventar, había personas de pie. Ahí estaban entre el público Antonio Deltoro, Marco Antonio Campos, José Ángel Leiva, Santiago Mutis, mi amigo Santiago Espinosa, había por supuesto otros poetas, escritores, editores y público en general. La presentación estuvo a cargo de Juan Manuel Roca.
Después de la presentación de Roca, que abordó los aspectos más relevantes de la poesía del autor, José Emilio Pacheco tomó la palabra y dijo más o menos lo siguiente: Tal vez lo que voy a hacer es una grosería, pero voy a animarme a pedirle a mi joven amigo el poeta Mijail Lamas que pase aquí a decir un comentario sobre mis dos recientes libros de poemas. Una descarga de electricidad sacudió mi cuerpo, emoción y miedo a la vez se apoderaron de mí. Sin pensarlo mucho amachiné, me levanté de mi asiento y me acerqué a la mesa, me ubiqué de pie justo a lado del poeta, al que todos esperaban escuchar leer sus poemas. Hablé sólo 10 minutos, tratando de no divagar, mencioné la variedad temática y formal de Cómo la lluvia,  hablé también del carácter mítico y fabulador de la Edad de las tinieblas, de ambos, la forma de enfrentar lo cotidiano de manera directa. Finalmente afirmé que en cada uno de ellos se podría encontrar a un José Emilio Pacheco dueño de todas su facultades poéticas.
Al terminar me agradeció con un fuerte apretón de manos y regresé a mi lugar entre el público. El resto de la lectura fue animada y magistralmente conducida por el autor, que encantó a su público con su lectura pausada y emotiva. Al salir del recinto todos lo que andaban por ahí, los que me conocían y algunos que no, se acercaron a felicitarme, yo estaba que no me la creía, hoy mismo no me lo creo.
Ese mismo año en noviembre, durante la FIL de Guadalajara, se dio el anuncio que el Premio Cervantes sería entregado a José Emilio Pacheco. Desde entonces y hasta el día de su muerte, la prensa no dejaría un momento de seguirle y buscar su opinión para cualquier tema de actualidad.

Aquí, me cuesta trabajo continuar. Sólo me resta decir que por circunstancias de la vida ya no le vi más, aunque me hubiera gustado volver a platicar con él y obsequiarle mi nuevo libro. Hoy que el anuncio de su muerte nos golpea el rostro, no me queda más que esta pocas palabras para recordarlo y desearle un buen viaje. A continuación transcribo este poema:

La mayoría de edad
por José Emilio Pacheco

La mayoría de edad
No se alcanza por fecha de nacimiento
Ni consta en los archivos oficiales.

Nos graduamos de adultos nada más
Cuando alguien nos deja.

En plena juventud llega de pronto
El sabor de la muerte.

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