El rock de la poesía: Hilda Hilst

Desde que Bob Dylan enchufó su guitarra, dejando atrás la escena folk y entrando de manera estruendosa y magistral en la historia del rock n’ roll, el ingrediente lírico se ha convertido en un elemento que algunos músicos del género no descuidan. Así, la poesía ha revolucionado la manera de componer canciones.

Si bien es cierto que los elementos de la lírica popular, arraigados en el folklore, siempre han estado presentes en la música, es hasta este punto —los años sesenta— donde la influencia de poetas como William Blake, Edgar Allan Poe, los de la generación beat y muchos otros, adquieren carta de naturalidad, al grado de dejar una evidente influencia en mucha de la música clásica contemporánea.
Es así que desde Tom Waits hasta Love of Lesbian abundan en el rock las referencias a libros y autores de la literatura, pero poco se ha hablado del rock de la poesía.
Sin miedo a ser arbitrario podría hablar de autores que rockeaban duro mucho antes de que alguien sospechara que el rock aparecería en escena. La actitud contestataria, alucinada, rebelde e incluso nihilista de algunos autores, los deberían convertir, y en muchos casos lo han hecho, en influencias instantáneas del rock.
Es por eso que me resulta muy emocionante iniciar esta serie de reflexiones sobre el rock de la poesía, entendiendo el elemento rock como una actitud desafiante y poco convencional ante la vida.
Deseaba empezar esta serie hablando de Arquíloco o de François Villon, un mercenario y un forajido respectivamente, pero estos días me encontraron leyendo a una brasileña, Hilda Hilst, cuya poesía es un manifiesto de libertad que pone en crisis nuestra visión de lo femenino. O lo que es los mismo: rockea bastante bien.
Hilda Hilst fue poeta, narradora y dramaturga. Nació en Jaú, Brasil, el 21 de abril de 1930 y murió en Campinas en 2004. Su obra literaria es considerada por la crítica como una de las más influyentes de aquel país. No obstante, en repetidas ocasiones cierto sector de la crítica más convencional la consideró una autora marginal, pornográfica y hermética.
En el caso especial de su poesía, surge como una respuesta al rechazo amoroso y a la soledad. Sus versos son de una sencillez efectiva, elaborados con elementos mínimos, una emisión de voz discreta pero que nos pueden partir la madre. Por momentos me recuerda a la Rosario Castellanos de la última época, pero más desnuda y caliente, más brutal.
Sus poemas se dejan leer como breves descargas de sentimiento afilado. Sin excesivos ornamentos, su voz construye un sólido edificio discursivo donde la desventura y la orfandad sexual se pasean como las inquilinas locas de la casa. Acá un ejemplo:

Si te parezco nocturna e imperfecta
mírame de nuevo. Porque esta noche
me miré, como si tú me miraras.
Y era como si el agua
desease

escapar de su casa que es el río
y apenas deslizándose, sin tocar la orilla.

Te miré. Y hace tanto tiempo
entendí que soy tierra. Hace tanto tiempo
espero
que tu cuerpo de agua más fraterno
se extienda sobre el mío. Pastor y nauta.

Mírame de nuevo. Con menos altivez
y más atento.

De Dez chamamentos ao amigo, de Hilda Hilst
Traducción de Mijail Lamas.

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2 comentarios en “El rock de la poesía: Hilda Hilst

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