Tres variaciones, una paradoja

Mucha es la versatilidad temática del soneto, que del itálico modo adaptara de manera más acabada Garcilaso de la Vega para nuestro español. Si bien fue el Marqués de Santillana el pionero, sus adaptaciones no tuvieron la repercusión ni la maestría que tuvieron los sonetos del poeta soldado.

La cercanía que el español y el portugués tienen con el italiano (las tres son leguas romances con un numero mayor de palabras graves) permitieron una asimilación formal casi instantánea y natural: catorce versos endecasílabos con acentuación en la sexta y décima sílabas (la forma recurrente y por lo tanto clásica), ordenados en dos cuartetos y dos tercetos con rimas ABBA:ABBA para los dos cuartetos y CDE:CDE, CDE:DCE y CDC:DCD como las combinaciones más recurrentes pera los tercetos.

La estructura puede parecer rígida para el que se inicia, pero al desarrollar la práctica resulta una forma muy dinámica y versátil. Así mismo representa un desafío doble para el escritor contemporáneo que busca explorar distintos temas o variaciones en de la forma.

Para el modernismo latinoamericano, por ejemplo, fue sin duda un laboratorio de brevedad y lucidez; para la generación de Contemporáneos una forma lúcida en que se podría reflexionar sobre temas de carácter filosófico; y para la generación del 27, en especial para Miguel Hernández, la renovación a partir de un lenguaje coloquial y exaltado.

De entre las recurrencias tratadas en el soneto encontramos el tema amoroso, donde se desarrolla mediante la paradójica naturaleza del amor. Esto se encuentra tanto en Petrarca, el maestro, y dos de sus alumnos más famosos de la península, cuya importancia es cardinal en sus respectivas tradiciones: Luís Vaz de Camões y Francisco de Quevedo.

Veamos las similitudes. El orden de presentación es cronológico:

Amor, che ‘ncende il cor d’ardente zelo
di gelata paura il tèn constretto,
e qual sia più, fa dubbio a l’intelleto,
la speranza o ‘l  temor, la fiama o ‘l gielo.
FRANCESCO PETRARCA

Amor é fogo que arde sem se ver,
é ferida que dói, e não se sente;
é um contentamento descontente,
é dor que desatina sem doer.
LUÍS VAZ DE CAMÕES

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.
FRANCISCO DE QUEVEDO

El elemento fuego se encuentra en los tres ejemplos como símbolo de la pasión amorosa. En Petrarca se haya atado al hielo del temor, en Camões en cambio el amor es un fuego que arde invisible y en Quevedo es un paradójico fuego helado, y en los tres es evidente el desconcierto que el amor ocasiona.

En los tres ejemplos la pasión amorosa es capaz de hacer convivir mediante la tensión el fuego y el hielo, la herida y la indolencia, el bien y el mal.

El más intertextual de los tres es sin duda el de Quevedo, quien conocía el soneto de Petrarca y sobre todo el de Camões, a tal grado que su segundo verso es una traducción literal del verso del poeta portugués. Pero no se conforma con un solo verso de Camões, en el segundo cuarteto, que seguro ustedes o recuerdan, vuelve a tomar un préstamo del soneto de Camões: é um andar solitário entre a gente.

A pesar de los dos prestamos evidentes y la construcción hasta ahora arquetípica del poema amoroso, Quevedo crea el poema más perfecto de los tres sonetos arriba mencionados, ya que en el suyo se condensa de manera más radical la confrontación de los opuestos mediante un oscilante contrapunto.

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