Living in Hell Paso #1

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I

La pared interior del closet empezó a humedecerse, algunos libros se mojaron y todas mis camisas. La administradora ha mandado a alguien para que arregle cuanto antes el problema. El vato que ha venido se llama Jimy, me ha dicho que al parecer, el vecino del piso de arriba, dejó la llave de la bañera abierta y que el agua, de tanto correr por el drenaje, se filtró en el muro.
El vecino no abre, me dice el Jimy, la administradora sospecha que no está en casa y que ha salido de viaje de forma intempestiva. Pero el Jimy, que es un pocho al que le cuesta trabajo explicarse en español, logra por fin cerrar la llave de paso del departamento de mi vecino.
Antes de irse, y sin decir nada sobre la composturadel closet, el Jimy me dice que sospecha que el vecino se ha metido a la bañera y sea ha quitado la vida, porque resulta que éste no contesta ni el celular. Así que, continúa con sorna, si te llega algún olor extraño, le marcas a la administradora lo antes posible.
Entre tanto la ropa que no se mojó ha terminado de vuelta en mi maleta y los libros que se salvaron del desastre, en la mesa del comedor. Mi cuarto huele a humedad y al óxido de la tubería.

Al parecer el vecino no ha vuelto, pues hoy en todo el día no he escuchado un solo ruido, ni se han encendido las luces de su apartamento.
Habrá que esperar a que aparezca en estos días para reclamarle lo sucedido con mis libros o resignarme a que su cadáver empiece a oler mal.

II

Un amigo me escribe por inbox y me dice lo siguiente: “Leí tu post sobre el la fuga de agua, ten cuidado, a una conocida se le cayó el techo de la cocina por culpa del vecino que dejó la llave abierta”.
Y no es que no lo haya pensado, el edificio no sólo es viejo, sino que se ve que hacía mucho no le daban mantenimiento. Precisamente la semana pasada estuvieron arreglando el techo de la planta alta, que a simple vista daba mucha pena verle. Desde las 7 de la mañana los obreros prendían un endemoniado compresor para las pistolas de clavos lanzados a presión. Mi roommate estaba a punto de perder la cabeza con tanto pinche ajetreo y ruido, pues digamos que sólo trabaja de noche y duerme hasta muy entrado el mediodía. Pero por fin terminaron la parte más ruidosa y la cosa casi ha vuelto a la normalidad.
Volviendo al tema del techo, ahora no podré dejar de pensar en otra cosa más que se puede caer encima de mí, con bañera, muerto y todo. Por cierto, no he tenido noticias de mi vecino.

III

Saliendo de clases nos fuimos a rodar con los de Hell Paso Zombie Bicycle Club, ya que con tanto pinche desmadre en la casa y el montón de trabajos de la maestría, ya era necesario parar, respirar profundo y salir a rodar unos cuantos kilómetros. Lo vatos del club eligieron subir por Mesa St hacia el norte, y cuando digo subir hablo de 14 kilómetros de pendientes en una bicicleta sin cambios. No es poca cosa señores, tomen en cuenta que soy un tipo que pasa la mayor parte del día sentado frente un escritorio o una mesa, que además tengo el vientre abultado y demás características sedentarias.
Salimos de Union Plaza casi a las nueve. No habíamos recorrido ni la mitad de la ruta cuando nos agarró una lluvia muy cabrona, pero decidimos seguir adelante. Ahora sí que me llovía sobre mojado, en interiores y exteriores, lo mío para estos días era el agua en cantidad.

Al llegar a la altura de Sunland Park nos metimos en un pub en el que no querían que entráramos con las bicis, así que pensamos que sería mejor ir a otro lugar, pero la lluvia se puso más violenta, por lo que fue preferible esperar.
Finalmente el barman se apiadó de nosotros y nos dio chance de meter las bicis de lado de las mesas de villar. Pasamos una media hora ahí y la lluvia cesó, así que alguien propuso rodar hasta Coronado Park, no sin antes pasar por unos chetos y unas latas de cerveza al Albertsons.
El parque quedaba como a 500 mts, también en pendiente. Ya en el Coronado Park platicamos sobre lo mala comida de El Paso, de la posibilidad de rodar en Juárez, de viajes de dos días en bici, también le hicimos un poco de bullying al chilango, para luego retractarnos y encomiar el don de gentes de la raza capitalina, mientras que el cielo se limpiaba de nubes y los relámpagos dibujan luminosas estrías en el horizonte.
El regreso fue más fácil, pues como ya les dije, Mesa St de sur a norte sube y viceversa.
El cuerpo me reclamaba airadamente, particularmente los muslos, que me ardían como si me hubieran untado pomada china del tigre.
Al llegar a casa eché un vistazo a la ventana del depa de mi vecino para ver si de casualidad estaba prendida su luz, sorpresa, lo estaba. Subí a tocarle la puerta al cabrón, que no estaba muerto ni mucho menos, pero no me abrió. ¡Qué chingados! Pensé, por lo menos no está muerto.

Foto de Alexander Luna

Foto de Alexander Luna



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