Una reseña de «El canto y la piedra»

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978841656066

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Cantiga al viejo modo

Trevas
La niña me mira
Con sus ojos negros
Como si la noche
Se estuviera en ellos.
La niña morena.
Como si estuviera
En ellos la noche
Yo nunca podría
Hacerles reproche.
La niña morena.
Hacerles reproche
Yo nunca podría
Su mirar gracioso
Mal no pagaría.
La niña morena
Mal no pagaría
Su cabello oscuro
Su paso es tranquilo
Cuando le procuro.
La niña morena.
Cuando la procuro
Yo canto por ella
Por su piel umbría
Que la hace más bella.
La niña morena.
Que la hace más bella
Su color oscuro
De su piel y ojos.
Por eso procuro
A la que es morena.

Poema incluido en TREVAS, Canción del navegante de sí mismo
Colección Punto Luminoso, Andraval Ediciones
Muy pronto en librerías.

Cuatro poemas de CONTRAVERANO

contraverano

En soledad he aprendido a lidiar con la ceniza que han dejado los veranos.
De noche he aprendido a no dejar que mis palabras se consuman por el fuego.

Por este oficio de sombra
puedo soportar esta ciudad que llevo a cuestas.

***

Que el sol y su recuerdo no te tuerzan los labios,
su amargo madurar escupe aquí.
Deja que su aguijón cante para los otros
la luz de su ponzoña.

***

La fiebre es el verano del cuerpo,
deja quebrado el árbol que nos mantiene en pie
y hace nacer una flor de sangre entre los labios.

* * *

Voy a darle vuelta a la página de los incendios,
a levantar la pluma de esta hoja que la luz ha despertado,
a oscurecer con un golpe de mano esta flama que se consume a sí misma.
Voy a quedarme quieto.
Voy esperar la estación de nubarrones y mañanas frías.
Voy a guardar silencio.